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Ansiedad: no todo está dentro de ti

Ansiedad y condiciones de vida

Ansiedad y condiciones de vida


No todo lo que alimenta nuestra ansiedad ocurre dentro de nosotras. A veces también hay que mirar la vida que estamos viviendo.

Abres Instagram y encuentras una técnica para controlar tus pensamientos. En otro video alguien explica cómo regular tu sistema nervioso. Un podcast recomienda cinco hábitos para gestionar mejor las emociones y después aparece una lista de cosas que deberías hacer para mejorar tu autoestima, dormir mejor o dejar de preocuparte tanto.


Muchas de estas recomendaciones pueden ser útiles. Sin embargo, cuando las vemos una detrás de otra pueden transmitir una idea que pocas veces cuestionamos: si estás ansiosa, probablemente hay algo dentro de ti que necesitas aprender a manejar mejor.


¿Y si miráramos también hacia fuera? Quizá llevas meses preocupada porque no sabes si conservarás tu empleo. Tal vez el dinero apenas alcanza, cuidas a varias personas y casi no tienes tiempo propio. Puede que estés pendiente de lo que ocurre a tu alrededor porque no siempre te sientes segura al caminar por tu ciudad. O quizá estás atravesando una etapa difícil con muy pocas personas a quienes recurrir.


La ansiedad se siente dentro de nuestro cuerpo, pero no necesariamente comienza ni se explica únicamente por lo que ocurre dentro de nosotras.

Hemos aprendido a mirar mucho hacia dentro

Durante décadas, una parte importante de la conversación psicológica sobre la ansiedad se ha centrado en factores individuales: nuestros pensamientos, emociones, aprendizajes, vulnerabilidades y maneras de afrontar los problemas. Todo esto importa y comprenderlo ha permitido desarrollar tratamientos psicológicos muy eficaces. El problema aparece cuando esa mirada se convierte en la única explicación y olvidamos preguntarnos por las condiciones en las que una persona está intentando vivir.


Actualmente, organismos como la Organización Mundial de la Salud hablan de la salud mental desde una perspectiva más amplia. Nuestras características individuales interactúan con nuestras relaciones, el trabajo, la economía, la seguridad, la discriminación, las condiciones de vivienda y las oportunidades disponibles. Algunos de estos factores aumentan nuestra vulnerabilidad; otros, como disponer de relaciones significativas, seguridad económica y apoyo social, pueden protegernos.


Esto cambia ligeramente la pregunta. En lugar de preguntarnos solamente “¿qué hay en mí que está produciendo esta ansiedad?”, podemos añadir: “¿qué está ocurriendo en mi vida que puede estar contribuyendo a mantenerme en alerta?”



No toda preocupación es irracional

Imaginemos a una mujer preocupada constantemente porque teme perder su empleo. Podríamos ayudarla a observar si está imaginando el peor escenario, a distinguir posibilidades de probabilidades o a manejar mejor la incertidumbre. Todo eso puede ser útil. Pero si tiene un contrato precario, vive al día y no cuenta con ahorros suficientes para afrontar varios meses sin ingresos, una parte de su preocupación responde a una dificultad real.


Algo parecido sucede con la inseguridad. Una mujer puede permanecer muy atenta cuando camina sola, evitar determinados lugares o modificar los horarios en los que sale. En algunos casos esa vigilancia puede generalizarse hasta limitar enormemente su vida, y entonces tendremos algo importante que trabajar. Pero no comprenderíamos completamente su conducta si ignoráramos el lugar donde vive y las experiencias que ha tenido.


Reconocer esto no significa asumir que toda preocupación está justificada ni que no podamos aprender maneras diferentes de responder ante ella. Significa algo más sencillo: no todas las amenazas que percibimos existen únicamente en nuestra cabeza.


Lo que estamos viviendo en México también importa

El AXA Mind Health Report 2026, elaborado con Ipsos a partir de información de 19,000 adultos de 18 países, ofrece una fotografía interesante de esta relación entre bienestar psicológico y condiciones de vida. En México, el 75 % de las personas encuestadas identificó varios factores que estaban afectando negativamente su salud mental, con un promedio de 5.4 factores por persona.


Entre los más mencionados aparecen la inestabilidad financiera y laboral (53 %), la incertidumbre respecto al futuro (51 %), la inseguridad del lugar donde se vive (43 %), la exposición constante a noticias negativas (39 %), la inestabilidad social y política (36 %) y el estrés relacionado con el trabajo (36 %). La soledad y el aislamiento social también aparecen entre las preocupaciones señaladas.


Estos datos requieren una lectura cuidadosa. No significan que la inseguridad económica o política produzca automáticamente un trastorno de ansiedad, ni permiten establecer que alguno de estos factores sea la causa directa de los problemas de salud mental. Lo que muestran es algo quizá más interesante: cuando preguntamos a las personas qué está afectando su bienestar, muchas de sus respuestas hablan del mundo en el que están intentando vivir.


Para las mujeres, mirar el contexto resulta especialmente importante

Las mujeres tampoco vivimos la ansiedad fuera de nuestras circunstancias. La distribución de los cuidados, las oportunidades económicas, las expectativas familiares, la violencia y la carga doméstica pueden producir condiciones muy distintas incluso entre personas que viven en una misma sociedad.


Pensemos en una mujer que trabaja ocho horas, regresa a casa y continúa haciéndose cargo de hijos, padres mayores, tareas domésticas y pendientes familiares. Podemos enseñarle ejercicios de relajación o estrategias para organizar mejor su tiempo, pero también deberíamos preguntarnos cuánto descanso real tiene, qué responsabilidades puede compartir, si puede pedir ayuda y por qué siente que debe sostenerlo todo.


No significa que todas las mujeres vivamos esas condiciones ni que podamos explicar la ansiedad simplemente por el género. Significa incorporar preguntas que a veces quedan fuera de la consulta: ¿cuánto descansas?, ¿quién te ayuda?, ¿tienes tiempo propio?, ¿te sientes segura?, ¿tienes independencia económica?, ¿qué ocurre en tu trabajo?, ¿cuántas responsabilidades has aprendido que “te corresponde”?


Las personas que nos rodean también forman parte de nuestra salud mental

El entorno no solamente puede representar una fuente de estrés. También contiene algunos de nuestros principales recursos. Tener una amiga a quien llamar, familiares que puedan ayudarnos en una emergencia, una pareja con quien compartir responsabilidades o una comunidad donde sentimos que pertenecemos puede modificar profundamente la manera en que atravesamos una situación difícil.


Una red de apoyo no hace desaparecer una pérdida, un divorcio, una enfermedad o una dificultad económica. Pero cambia las condiciones en las que tenemos que afrontarlas. No es lo mismo pensar “si algo ocurre, estoy completamente sola” que saber que existen personas a quienes podemos recurrir.


Por eso, cuando hablamos de recursos para afrontar la ansiedad, quizá deberíamos pensar menos exclusivamente en habilidades que llevamos dentro y considerar también los vínculos y las condiciones que construimos alrededor de nuestra vida.


Entonces, ¿de qué sirve trabajar en nosotras mismas?

De mucho. Reconocer el peso del contexto no significa sustituir “todo está dentro de ti” por “todo es culpa de la sociedad”. Ambas explicaciones serían demasiado simples.


Hay aspectos sobre los que tenemos un margen importante de acción. Podemos aprender a afrontar aquello que evitamos, relacionarnos de otra manera con nuestros pensamientos, tolerar mejor la incertidumbre, poner límites, pedir ayuda, recuperar actividades abandonadas o tomar decisiones que llevamos demasiado tiempo posponiendo. La psicoterapia puede ser un espacio muy valioso para desarrollar estos recursos.


Pero una buena intervención psicológica también debería ayudarnos a distinguir qué necesitamos aprender a afrontar, qué necesitamos aceptar, qué podemos negociar y qué quizá necesitamos cambiar. No todo malestar requiere que nos adaptemos mejor a las circunstancias. A veces las circunstancias también necesitan ser cuestionadas.


Una persona situada en una vida concreta

Quizá esta sea una manera más completa de comprender la ansiedad: no como algo que vive exclusivamente dentro de una persona ni como algo producido únicamente por el mundo exterior, sino como una experiencia que surge de la interacción entre nuestra historia, nuestros aprendizajes, nuestro cuerpo, nuestras relaciones y las circunstancias en las que estamos viviendo.


Dos mujeres pueden enfrentarse al mismo problema y experimentarlo de maneras completamente distintas porque no llegan a él con la misma historia ni cuentan con los mismos recursos. Y una misma mujer puede sentirse mucho más vulnerable en una etapa de desempleo, aislamiento o sobrecarga que en otra en la que cuenta con estabilidad, descanso y personas que la acompañan.


Comprender el contexto no nos quita capacidad de acción. Al contrario. Nos permite dejar de intentar arreglar únicamente a la persona y empezar a identificar con mayor precisión qué necesita cambiar.


Para recordar

La ansiedad es una experiencia personal, pero no es solamente un asunto personal. Ocurre dentro de vidas concretas. Podemos necesitar aprender nuevas maneras de afrontar el miedo y, al mismo tiempo, necesitar mayor seguridad, mejores condiciones laborales, descanso, apoyo social, límites o una vida con menos sobrecarga.

Por eso, la próxima vez que te preguntes “¿qué me falta para manejar mejor mi ansiedad?”, quizá valga la pena añadir otra pregunta:


¿Qué está pasando en mi vida que hace que tenga tanto sentido estar en alerta?


No para quedarnos sin hacer nada. Sino para entender mejor dónde necesitamos actuar.


Referencias

AXA & Ipsos. (2026). Mind Health Report 2026: Mexico. AXA.

AXA & Ipsos. (2026). Mind Health Report 2026. AXA.

World Health Organization. (2025). World report on social determinants of health equity. WHO.

World Health Organization. (2025). Mental health: Strengthening our response. WHO.

World Health Organization. (2025). Guidance on mental health policy and strategic action plans. WHO.



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