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¿Y si no necesitas una etiqueta para entender lo que te pasa?

Cuando internet convierte experiencias humanas en diagnósticos


Autodiagnósticos de trastornos mentales

Autodiagnóstico de trastornos mentales


Una mujer escucha un podcast sobre TDAH y reconoce varias cosas de sí misma. Otra encuentra un video sobre apego evitativo y piensa inmediatamente en su pareja.

Alguien pregunta a una inteligencia artificial por qué le cuesta relacionarse con otras personas y termina leyendo una lista de características del autismo. Después aparecen más videos, más testimonios y más explicaciones que parecen encajar. En poco tiempo, una pregunta que comenzó como "¿por qué me pasa esto?" puede convertirse en una afirmación mucho más contundente: "Tengo esto".


Una pregunta que comenzó como "¿por qué me pasa esto?" puede convertirse en una afirmación mucho más contundente: "Tengo esto".

Internet ha hecho algo valioso: puso información sobre salud mental al alcance de millones de personas. Muchas han podido reconocer que estaban sufriendo, encontrar palabras para experiencias que antes no comprendían e incluso decidirse a buscar ayuda profesional. El problema no está en informarnos. El problema aparece cuando una descripción general comienza a utilizarse como explicación de una vida particular.


Reconocerte en una lista no significa necesariamente que tengas un trastorno

Buena parte del contenido psicológico que circula en redes funciona mediante listas: "cinco señales de que tienes...", "siete cosas que hace una persona con...", "si te ocurre esto, quizá seas...". El formato es atractivo porque permite reconocernos rápidamente, pero tiene una dificultad importante: muchas de esas características aparecen en personas con problemas muy diferentes e incluso en personas que no presentan ningún trastorno.


Tener problemas para concentrarse, sentirse insegura en una relación, necesitar momentos de soledad, preocuparse mucho, posponer tareas o sentirse agotada pueden tener numerosos significados. Para comprender qué está ocurriendo importa conocer desde cuándo sucede, en qué situaciones aparece, con qué intensidad, qué consecuencias tiene, qué estaba ocurriendo en la vida de esa persona y qué hace ella cuando aparece el problema. Una característica aislada dice mucho menos de lo que parece.


Cuando empezamos a mirar nuestra vida desde la etiqueta

Hay otra dificultad menos evidente. Una vez que una persona adopta una explicación sobre sí misma, puede comenzar a reinterpretar muchas experiencias desde ella. Lo que antes era "me cuesta iniciar conversaciones cuando estoy insegura" puede convertirse en "soy así por mi trastorno". Lo que era "cuando tengo demasiado trabajo me cuesta concentrarme" pasa a ser "mi cerebro funciona de esta manera". La etiqueta comienza a organizar la historia.


Esto no significa que recibir un diagnóstico produzca inevitablemente ese efecto. Para algunas personas, un diagnóstico adecuado puede resultar esclarecedor, facilitar el acceso a tratamiento y disminuir años de culpa o incomprensión. El riesgo aparece cuando la categoría deja de ser una herramienta y se convierte en una identidad rígida que parece explicar de antemano lo que una persona puede sentir, hacer o llegar a cambiar.


La psicología de internet también tiene sus modas

La conversación pública sobre salud mental cambia. En distintos momentos determinados conceptos adquieren una enorme presencia en redes sociales, podcasts y medios. Palabras como trauma, narcisismo, apego, TDAH, autismo, dependencia emocional o "personas altamente sensibles" pueden empezar a utilizarse para explicar experiencias muy diferentes entre sí.


Que un concepto se vuelva popular no significa que el problema no exista. Tampoco significa que todas las personas que se reconocen en algunos contenidos lo tengan. Las plataformas, además, aprenden rápidamente qué nos interesa: después de mirar varios videos sobre un tema es probable que recibamos muchos más. Esa repetición puede producir la impresión de que finalmente encontramos la explicación que encaja con todo lo que nos ocurre, cuando en realidad seguimos viendo distintas versiones de una misma hipótesis.


¿Para qué sirven entonces los diagnósticos?

Las categorías diagnósticas tienen funciones importantes. Permiten que los profesionales utilicen un lenguaje común, orientan determinadas decisiones clínicas, facilitan la investigación y, dependiendo del sistema sanitario, pueden ser necesarias para acceder a tratamientos o servicios. Por eso no se trata de desecharlas.


Pero un diagnóstico es una clasificación construida a partir de determinados criterios; no contiene toda la explicación de una persona. Dos mujeres que cumplen criterios para el mismo diagnóstico pueden tener historias, dificultades, recursos y necesidades completamente diferentes. Saber cómo se llama un conjunto de síntomas puede aportar información, pero todavía queda una pregunta mucho más interesante: ¿cómo funciona este problema en la vida de esta persona?


Otra manera de empezar: ¿qué está pasando en tu vida?

Desde una perspectiva conductual y contextual, podemos cambiar ligeramente la pregunta. En lugar de comenzar únicamente por "¿qué trastorno tengo?", podemos preguntarnos: ¿Qué me está pasando?, ¿Cuándo ocurre? y ¿Qué está impidiendo que viva como quisiera?


Quizá una mujer quiera viajar, pero lleva meses evitando alejarse de casa porque teme sufrir un ataque de pánico. Otra quiere relacionarse con mayor libertad, pero pasa gran parte del tiempo vigilando cualquier señal de rechazo. Otra desea avanzar profesionalmente, pero el miedo a equivocarse hace que posponga cada oportunidad.


Saber si esas experiencias forman parte de una categoría diagnóstica puede ser relevante, pero comprender qué las mantiene y qué vida están limitando ofrece información indispensable para decidir qué trabajar.


La pregunta cambia entonces de "¿qué soy?" a "¿qué me está ocurriendo y hacia dónde quiero ir?". Parece una diferencia pequeña, pero abre posibilidades. La primera puede buscar una definición; la segunda invita a conocer una historia.


Los problemas también forman parte de estar vivos

Una mirada menos medicalizada de la psicología tampoco significa negar el sufrimiento ni decir que todo debe soportarse porque "es normal". Hay momentos en que la ansiedad, la tristeza, las obsesiones, el consumo de sustancias u otras dificultades producen un deterioro importante y requieren atención profesional. También existen condiciones para las que una evaluación diagnóstica rigurosa puede ser especialmente relevante.


Pero no todo sufrimiento humano necesita convertirse inmediatamente en una enfermedad. Las personas atravesamos pérdidas, conflictos, incertidumbre, miedo, cambios vitales, relaciones difíciles y periodos en los que nuestros recursos parecen insuficientes para las circunstancias que vivimos. Preguntarnos qué está ocurriendo en esa vida concreta puede resultar mucho más útil que apresurarnos a encontrar una categoría donde colocarla.


Utiliza internet para hacer preguntas, no para cerrar respuestas

Leer sobre psicología, escuchar un buen podcast o incluso conversar con una IA puede ser un punto de partida para comprendernos mejor. Puede ayudarnos a descubrir conceptos, formular preguntas y reconocer que quizá necesitamos apoyo. Lo que estas herramientas difícilmente pueden sustituir es una evaluación cuidadosa que considere nuestra historia, nuestro contexto y la manera particular en que un problema funciona en nuestra vida.


Por eso, si algo que encuentras en internet te hace pensar "esto se parece mucho a mí", quizá no sea necesario saltar inmediatamente a "entonces esto es lo que tengo". Hay una pregunta intermedia mucho más rica: ¿qué parte de esto describe realmente mi experiencia?


Para recordar

Una etiqueta puede aportar información, pero no debería escribir el guion completo de tu vida. Eres mucho más que una lista de síntomas y tu experiencia no tiene por qué ajustarse perfectamente a la historia de alguien que viste en un video, escuchaste en un podcast o encontraste en una búsqueda.


Antes de preguntarte únicamente "¿qué trastorno tengo?", prueba con otras preguntas: ¿qué está ocurriendo en mi vida?, ¿qué situaciones me están haciendo sufrir?, ¿qué hago cuando aparecen?, ¿qué he dejado de hacer por este problema?, ¿qué vida quisiera estar viviendo?


Tal vez ahí no encuentres una respuesta tan rápida como una etiqueta. Pero puedes encontrar algo mucho más personal: tu propia historia y un lugar concreto desde el cual empezar a cambiar.


Referencias

  • Underhill, R., & Foulkes, L. (2024). Self-diagnosis of mental disorders: A qualitative study of attitudes on Reddit. Qualitative Health Research.

  • Starvaggi, I., Dierckman, C., & Lorenzo-Luaces, L. (2024). Mental health misinformation on social media: Review and future directions. Current Opinion in Psychology, 56, 101738.

  • Yeung, A., Ng, E., & Abi-Jaoude, E. (2022). TikTok and attention-deficit/hyperactivity disorder: A cross-sectional study of social media content quality. The Canadian Journal of Psychiatry, 67(12), 899–906.

  • Aragon-Guevara, D., Castle, G., Sheridan, E., & Vivanti, G. (2023). The reach and accuracy of information on autism on TikTok. Journal of Autism and Developmental Disorders.

  • Karasavva, V., Miller, C., Groves, N., Montiel, A., Canu, W., & Mikami, A. (2025). A double-edged hashtag: Evaluation of #ADHD-related TikTok content and its associations with perceptions of ADHD. PLOS ONE.

  • Hipgrave, L., Goldie, J., Dennis, S., & Coleman, A. (2025). Balancing risks and benefits: Clinicians' perspectives on the use of generative AI chatbots in mental healthcare. Frontiers in Digital Health.

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