¿Por qué a la ansiedad le cuesta tanto el «no saber»?
- Psic. Sugey Romo

- hace 7 minutos
- 4 min de lectura

Incertidumbre y ansiedad
Aprender a vivir con la incertidumbre cuando todavía no tenemos una respuesta
Esperas el resultado de un estudio médico. Mandaste un currículum y aún no te responden. Tu relación atraviesa un momento difícil y no sabes qué ocurrirá. Alguien importante para ti está distante, pero todavía no has podido hablar con esa persona. Hay momentos en la vida en los que, sencillamente, no tenemos suficiente información para saber qué va a pasar.
Sin embargo, cuando hay ansiedad ese espacio vacío puede resultar especialmente incómodo. La mente comienza a trabajar: imagina posibilidades, repasa conversaciones, busca señales, pregunta, consulta internet o intenta anticipar lo que ocurrirá. Parece que estamos buscando una respuesta, pero muchas veces estamos intentando algo diferente: dejar de sentir la incomodidad de no saber.
Cuando queremos completar los espacios vacíos
La incertidumbre forma parte de la vida. Nunca podemos saber con absoluta seguridad qué ocurrirá con nuestra salud, nuestras relaciones, el trabajo o las decisiones que tomamos. Aun así, algunas personas pueden experimentar esa falta de certeza como particularmente difícil de soportar.
En psicología hablamos de intolerancia a la incertidumbre para describir la tendencia a reaccionar negativamente cuando una situación es incierta. La investigación la relaciona estrechamente con la preocupación y diferentes problemas de ansiedad, especialmente con la ansiedad generalizada. Estudios recientes también muestran que trabajar directamente nuestra relación con la incertidumbre puede reducir tanto la preocupación como los síntomas de ansiedad.
El problema no es querer respuestas. Es perfectamente razonable buscarlas cuando existen y podemos obtenerlas. La dificultad aparece cuando seguimos intentando resolver algo que todavía no puede resolverse.
La ansiedad también inventa respuestas
Imagina que alguien importante no responde tu mensaje desde hace varias horas. Lo único que realmente sabes es eso: no ha respondido.
Pero nuestra mente difícilmente se queda ahí. Puede empezar a completar lo desconocido: «está molesto conmigo», «seguramente dije algo que no debía» o «ya no le interesa hablar conmigo». Ninguna de esas posibilidades es imposible, pero tampoco disponemos todavía de información suficiente para saber cuál es cierta.
Y aquí ocurre algo curioso: una respuesta preocupante puede sentirse más tolerable que no tener ninguna respuesta. Al menos nos da la sensación de que sabemos a qué enfrentarnos. El costo es que podemos pasar horas sufriendo por una historia que nuestra mente construyó para llenar un espacio que seguía abierto.
«No sé todavía» también es una respuesta
Podemos aprender otra posibilidad:
No sé todavía.
No significa decirnos que todo saldrá bien. Tampoco significa prepararnos para lo peor. Significa reconocer con honestidad dónde termina la información que tenemos.
No sé todavía qué dirá ese resultado.
No sé todavía qué decisión tomará esa persona.
No sé todavía si conseguiré ese trabajo.
Puede parecer una respuesta demasiado sencilla, pero implica una habilidad importante:
permitir que algo permanezca sin resolver durante un tiempo sin sentir que tenemos que llenarlo inmediatamente con pensamientos, comprobaciones o predicciones.
La investigación sobre intolerancia a la incertidumbre sugiere precisamente que nuestra manera de responder ante lo incierto está relacionada con la ansiedad y con las estrategias que utilizamos para manejar nuestras emociones.
¿Puedo hacer algo o solamente tengo que esperar?
Una pregunta práctica puede ayudarnos a distinguir ambas situaciones:
¿Hay algo útil que puedo hacer con la información que tengo en este momento?
Si tienes una preocupación médica, quizá puedas programar una consulta. Si existe un problema laboral, puede haber una conversación pendiente. Si necesitas tomar una decisión, probablemente puedas buscar información relevante.
Pero llegará un momento en el que ya hiciste lo que estaba en tus manos.
El estudio está realizado y falta el resultado. La entrevista terminó y corresponde a la empresa responder. Enviaste el mensaje y ahora depende de la otra persona. En ese punto, continuar pensando no necesariamente proporciona nueva información.
Entonces puede ser útil hacer una segunda pregunta:
¿Estoy intentando resolver un problema o estoy intentando dejar de sentir incertidumbre?
Continuar viviendo mientras no sabemos
Aprender a convivir con la incertidumbre no significa conseguir que deje de incomodarnos. Probablemente seguirá haciéndolo. La diferencia está en lo que hacemos mientras sentimos esa incomodidad.
Podemos revisar el teléfono veinte veces, buscar más información, pedir tranquilidad repetidamente o dedicar horas a imaginar escenarios. O podemos reconocer: «esto me preocupa y todavía no tengo una respuesta» y regresar, poco a poco, a aquello que está ocurriendo hoy.
Preparar la comida. Trabajar. Salir a caminar. Ver a una amiga. Atender una responsabilidad. Dormir. Continuar con un proyecto.
No porque aquello que esperamos no importe, sino porque nuestra vida no tiene que quedar completamente suspendida mientras llega una respuesta.
Una pequeña práctica para los momentos de incertidumbre
La próxima vez que notes que llevas mucho tiempo intentando resolver mentalmente algo que todavía no puedes saber, prueba detenerte y hacerte tres preguntas:
¿Qué sé realmente? Separa los hechos de aquello que estás imaginando.
¿Hay algo útil que pueda hacer ahora? Si existe una acción concreta, hazla.
Si ya hice lo que estaba en mis manos, ¿puedo dejar que la respuesta sea «no sé todavía» y continuar con mi día?
No necesitas sentirte tranquila para hacerlo. Precisamente ahí está el aprendizaje: descubrir que puedes continuar con tu vida, aunque una parte de ti todavía quiera saber.
Para recordar
La ansiedad suele prometer que, si pensamos un poco más, quizá consigamos la certeza que necesitamos. Pero hay momentos en los que ninguna cantidad de pensamiento puede proporcionarnos una información que todavía no existe.
En esos momentos, «no sé todavía» no es una derrota ni una forma de resignarse. Es reconocer los límites de lo que podemos saber y dejar de exigirnos resolver hoy aquello que solo el tiempo, otra persona o las circunstancias podrán responder.
Quizá aprender a vivir con incertidumbre no consista en dejar de necesitar respuestas. Consista en descubrir que podemos seguir viviendo mientras algunas respuestas todavía no han llegado.
Referencias
Wilson, E. J., Abbott, M. J., & Norton, A. R. (2023). The impact of psychological treatment on intolerance of uncertainty in generalized anxiety disorder: A systematic review and meta-analysis. Journal of Anxiety Disorders, 97, 102729.
Miller, M. L., & McGuire, J. F. (2023). Targeting intolerance of uncertainty in treatment: A meta-analysis of therapeutic effects, treatment moderators, and underlying mechanisms. Journal of Affective Disorders, 341, 283–295.
Sahib, A., Chen, J., Cárdenas, D., & Calear, A. L. (2023). Intolerance of uncertainty and emotion regulation: A meta-analytic and systematic review. Clinical Psychology Review, 101, 102270.
Freeston, M. H., et al. (2025). State of the science: Intolerance of uncertainty. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry.




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