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¿Por qué me da ansiedad al despertar?

hace 4 minutos
7 min de lectura

Hay mañanas en las que abrimos los ojos y, antes de levantarnos, ya sentimos inquietud, preocupación o una sensación de que algo malo podría suceder. ¿Por qué ocurre y qué podemos hacer cuando la ansiedad aparece desde las primeras horas del día?


Cuando el día comienza con preocupación

Son las seis de la mañana. Mariana acaba de despertar y, antes de levantarse, recuerda que tiene una reunión importante, varios pendientes de trabajo y una conversación que ha estado posponiendo. Todavía no ha comenzado su jornada, pero siente el estómago revuelto, cierta presión en el pecho y una inquietud que no sabe explicar del todo.


Intenta quedarse unos minutos más en la cama, aunque eso no consigue tranquilizarla. Por el contrario, comienza a pensar en todo lo que podría salir mal. Cuando finalmente se levanta, siente que el día ya comenzó siendo demasiado pesado.


A otras personas les ocurre algo diferente: despiertan con palpitaciones, tensión o una sensación de alarma, sin identificar de inmediato algún pensamiento que explique lo que sienten. Conforme pasan los minutos, empiezan a buscar una razón para ese malestar.


Estas experiencias pueden resultar desconcertantes, especialmente cuando la noche anterior nos acostamos relativamente tranquilas. Sin embargo, la ansiedad no siempre aparece como respuesta a algo que está ocurriendo en ese momento. También puede relacionarse con lo que anticipamos, con las condiciones que estamos viviendo y con los cambios fisiológicos que acompañan el despertar.


¿Qué sucede en nuestro cuerpo cuando despertamos?

Despertar implica pasar del estado de sueño a uno de mayor actividad. Nuestro organismo realiza distintos ajustes para prepararnos para el día: cambia el nivel de alerta, se modifican procesos hormonales y comenzamos a responder a los estímulos del entorno.


Uno de esos procesos es la llamada respuesta del cortisol al despertar. En muchas personas, los niveles de esta hormona aumentan durante los primeros 30 a 45 minutos después de abrir los ojos. El cortisol participa en la regulación de la energía, el metabolismo y la respuesta del organismo ante distintas demandas.


A veces encontramos explicaciones en internet que atribuyen la ansiedad matutina directamente a este aumento de cortisol. Sin embargo, la relación es más compleja. La respuesta del cortisol al despertar es un fenómeno fisiológico normal y no significa, por sí misma, que una persona tenga ansiedad. Tampoco podemos concluir que una mañana de preocupación se deba necesariamente a una alteración hormonal.


Las investigaciones muestran que esta respuesta puede variar según factores como el sueño, los horarios y determinadas condiciones de estrés. Además, la ansiedad es una experiencia en la que intervienen procesos corporales, psicológicos y ambientales que no pueden explicarse mediante una sola hormona.


Por eso, aunque conocer lo que ocurre en nuestro organismo puede ayudarnos a comprender algunas sensaciones, también necesitamos mirar qué está sucediendo en nuestra vida.


A veces despertamos anticipando todo lo que nos espera

Una de las características de la ansiedad es que podemos reaccionar ante situaciones que todavía no han ocurrido. No necesitamos estar frente a un problema para comenzar a preocuparnos por él; basta con anticipar que tendremos dificultades para resolverlo o que algo importante podría salir mal.


Imaginemos a una mujer que está atravesando una situación económica complicada. Cada mañana, al despertar, recuerda los pagos pendientes y comienza a calcular cómo llegará al final del mes. Otra mujer quizá anticipa una jornada laboral difícil, mientras alguien más piensa en los problemas de salud de un familiar.


En estos casos, las preocupaciones tienen relación con circunstancias reales. No sería adecuado decirles que todo está en su mente o que simplemente necesitan pensar de manera positiva. Sus dificultades existen, aunque la manera de anticiparlas también puede influir en cuánto malestar experimentan.


La preocupación puede ayudarnos cuando nos permite identificar un problema y decidir qué hacer. Sin embargo, cuando pasamos mucho tiempo imaginando escenarios negativos sin llegar a una acción concreta, podemos terminar agotadas antes de comenzar el día.


También es posible que, después de varias mañanas difíciles, empecemos a anticipar la propia ansiedad. Nos acostamos pensando que probablemente despertaremos mal y, al abrir los ojos, prestamos especial atención a cualquier señal de inquietud. Así, el temor a volver a sentir ansiedad puede convertirse en una preocupación adicional.


El sueño también influye en cómo nos sentimos

Dormir poco o descansar mal puede afectar nuestra capacidad para regular las emociones, concentrarnos y responder a las dificultades cotidianas. La investigación ha encontrado una relación estrecha entre las alteraciones del sueño y los problemas de ansiedad, aunque esa relación no funciona en una sola dirección.


La preocupación puede dificultar que conciliemos el sueño o provocar despertares durante la noche. A su vez, una noche de descanso insuficiente puede aumentar nuestra sensibilidad emocional al día siguiente. Cuando ambas situaciones se repiten, pueden contribuir a mantener un círculo difícil de interrumpir.


Conviene observar si la ansiedad aparece especialmente después de dormir pocas horas, de acostarnos demasiado tarde o de pasar la noche pendientes de alguna preocupación.

También es importante considerar problemas del sueño que requieren valoración médica, como la apnea obstructiva, especialmente cuando existen ronquidos intensos, pausas respiratorias observadas o somnolencia excesiva durante el día.


No todas las personas que despiertan con ansiedad tienen problemas para dormir, pero conocer nuestros hábitos y la calidad de nuestro descanso puede aportar información útil para comprender lo que nos sucede.


Cuando las responsabilidades comienzan antes de levantarnos

Para algunas mujeres, la mañana representa el inicio de una sucesión de tareas que deben realizarse en poco tiempo. Preparar alimentos, organizar a los hijos para ir a la escuela, atender a un familiar, llegar puntualmente al trabajo o resolver pendientes domésticos pueden formar parte de las primeras horas del día.


En ocasiones, la preocupación comienza incluso antes de salir de la cama porque sabemos que cualquier retraso complicará el resto de la jornada. Si además hemos dormido poco y contamos con escaso apoyo, es comprensible que despertar se asocie con una sensación de exigencia.


Las responsabilidades de cuidado y del hogar continúan distribuyéndose de manera desigual entre mujeres y hombres en numerosos contextos. Esta realidad puede reducir las oportunidades de descanso y aumentar las dificultades para conciliar la vida laboral, familiar y personal.


Sin embargo, no todas las mujeres tienen hijos o viven en pareja. Quienes viven solas, sostienen económicamente su hogar o cuidan de otras personas también pueden enfrentar demandas importantes. Lo relevante es comprender cómo se relacionan nuestras responsabilidades, los recursos disponibles y las posibilidades reales de descanso.


A veces necesitamos mejorar nuestros hábitos, pero en otras ocasiones también necesitamos revisar la distribución de las tareas, solicitar apoyo o modificar condiciones que nos mantienen sobrecargadas.


¿Qué podemos hacer cuando despertamos con ansiedad?

Cuando la ansiedad aparece desde temprano, es comprensible que queramos eliminarla cuanto antes. Podemos intentar volver a dormir, revisar el teléfono para distraernos o permanecer en la cama esperando a sentirnos mejor. Algunas de estas acciones pueden proporcionar alivio momentáneo, aunque no necesariamente ayudan a resolver lo que está ocurriendo.


Antes de buscar una técnica para tranquilizarnos, puede ser útil observar durante algunos días cómo se presenta la ansiedad. ¿Aparece apenas abrimos los ojos o después de comenzar a pensar en nuestras responsabilidades? ¿Sucede todos los días o principalmente cuando tenemos determinadas actividades? ¿Cómo dormimos la noche anterior? ¿Qué hacemos cuando comenzamos a sentirnos inquietas?


Estas preguntas pueden ayudarnos a identificar patrones. Si descubrimos que las mañanas más difíciles coinciden con jornadas excesivamente cargadas, quizá necesitemos reorganizar algunas tareas, preparar ciertos pendientes desde el día anterior o buscar maneras de distribuir responsabilidades. Si la preocupación se concentra en un problema específico, puede ser más útil dedicar un momento a identificar qué acciones están a nuestro alcance que pasar la mañana imaginando todas sus posibles consecuencias.


También podemos cuidar aspectos básicos de nuestra rutina, como mantener horarios de sueño relativamente regulares, exponernos a la luz natural durante la mañana y realizar alguna actividad física de acuerdo con nuestras posibilidades. Estas medidas pueden favorecer el descanso y el bienestar general, aunque no sustituyen la atención de las causas que mantienen la ansiedad.


Cuando aparecen sensaciones físicas intensas, algunas personas encuentran útil respirar de manera pausada o dirigir su atención hacia lo que están haciendo. Estas estrategias pueden ayudar a atravesar momentos de activación, pero no necesitamos utilizarlas como una obligación para eliminar cualquier sensación incómoda antes de continuar con nuestra vida.


De hecho, una parte importante del trabajo psicológico consiste en aprender que podemos realizar actividades valiosas incluso cuando experimentamos cierto grado de ansiedad. Si esperamos a sentirnos completamente tranquilas para comenzar el día, corremos el riesgo de que nuestro estado emocional determine cada vez más lo que hacemos.


¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?

Experimentar ansiedad alguna mañana no significa necesariamente que tengamos un trastorno psicológico. Todos podemos atravesar periodos de preocupación, cambios importantes o dificultades que afectan nuestro descanso y bienestar.


Sin embargo, cuando la ansiedad aparece de manera frecuente, produce un malestar considerable o comienza a interferir con el trabajo, las relaciones, el sueño o las actividades cotidianas, es conveniente buscar una evaluación profesional.


La psicoterapia puede ayudarnos a comprender qué situaciones están relacionadas con la ansiedad, cómo respondemos ante ella y qué cambios podrían mejorar nuestra vida. En determinados casos también puede ser necesaria una valoración médica, especialmente cuando aparecen síntomas físicos nuevos, intensos o persistentes.


El objetivo no consiste únicamente en conseguir mañanas sin ansiedad, sino en comprender lo que estamos viviendo y desarrollar maneras más útiles de responder a nuestras circunstancias.


Para recordar

Despertar con ansiedad puede resultar desconcertante, especialmente cuando sentimos inquietud antes de que haya ocurrido algo durante el día. Sin embargo, esta experiencia puede relacionarse con distintos factores: cambios fisiológicos normales del despertar, dificultades de sueño, preocupaciones anticipadas, experiencias previas y condiciones de vida que nos generan tensión.


No existe una explicación única ni una técnica que funcione para todas las personas. Comprender cuándo aparece la ansiedad, qué situaciones la acompañan y cómo respondemos ante ella puede ayudarnos a identificar qué necesitamos cambiar, atender o aprender a afrontar.


Y quizá también convenga preguntarnos si nuestras mañanas están organizadas de una manera que nos permite comenzar el día con los recursos que tenemos, o si estamos intentando responder a más exigencias de las que razonablemente podemos asumir.


Y tú, cuando despiertas con ansiedad, ¿qué suele estar ocurriendo en tu vida y qué es lo primero que haces para intentar sentirte mejor?


Referencias

  • Stalder, T., et al. (2025). The Cortisol Awakening Response: Regulation and Functional Significance. Endocrine Reviews, 46(1), 43–59.

  • Peng, A., et al. (2024). The bidirectional relationship between sleep disturbance and anxiety: Sleep disturbance is a stronger predictor of anxiety. Sleep Medicine, 121, 63–68.

  • Insomnia, anxiety and related disorders: A systematic review on clinical and therapeutic perspective with potential mechanisms underlying their complex link. (2024). Neuroscience Applied, 3, 103936.

  • Organización Internacional del Trabajo. (2024). The impact of care responsibilities on women's labour force participation.

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Psicóloga especializada en ansiedad en mujeres · León, Guanajuato, México · Atención en línea

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