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¿Por qué siento ansiedad en el trabajo? Cuando las exigencias me superan

hace 6 minutos
9 min de lectura
ansiedad y sobrecarga de trabajo

La presión laboral, el miedo a equivocarnos, las relaciones difíciles y las responsabilidades fuera del trabajo pueden afectar nuestra salud mental. ¿Cómo distinguir lo que podemos aprender a afrontar de aquellas condiciones que necesitan cambiar?


Cuando el trabajo no termina al salir de la oficina

Son las siete de la tarde y Laura acaba de llegar a casa después de una jornada complicada. Tiene varios pendientes para el día siguiente, recibió una llamada de atención de su jefe y debe entregar un informe para el que apenas ha tenido tiempo. Mientras prepara la cena, recuerda la conversación con su jefe. Se pregunta si debió responder de otra manera, si habrá cometido algún error y qué sucederá cuando vuelva a verlo.


Aunque su jornada terminó hace más de una hora, Laura continúa ocupada mentalmente con el trabajo. Le cuesta concentrarse en otras actividades, está irritable y siente una presión en el pecho cada vez que recuerda sus pendientes. En ocasiones, incluso comienza a preocuparse por el lunes desde el domingo por la tarde.


¿Está experimentando ansiedad? ¿Tiene demasiadas responsabilidades? ¿Se preocupa más de lo necesario o realmente existen motivos para sentirse así?


La historia de Laura es ficticia, pero refleja una experiencia que muchas personas conocen. El trabajo ocupa una parte importante de nuestra vida: nos proporciona ingresos, nos permite desarrollar capacidades, establecer relaciones y construir proyectos. Sin embargo, también puede convertirse en una fuente de preocupación, especialmente cuando sentimos que las exigencias superan nuestras posibilidades de responder.


Para comprender lo que nos sucede, necesitamos mirar más allá de los síntomas.


No toda ansiedad que aparece en el trabajo se explica por una dificultad personal para manejar las emociones. En ocasiones, estamos respondiendo a condiciones laborales que realmente son difíciles.

¿Por qué el trabajo puede producirnos ansiedad?

La ansiedad es una respuesta que nos prepara para afrontar situaciones que anticipamos como amenazantes o difíciles. A diferencia del miedo que experimentamos ante un peligro inmediato, la ansiedad suele estar relacionada con lo que creemos que podría suceder. En el ámbito laboral, podemos preocuparnos por cometer un error, recibir una reprimenda, perder el empleo, no alcanzar una meta o enfrentar un conflicto con alguien de quien depende nuestra estabilidad económica.


Estas preocupaciones no siempre son desproporcionadas. Pensemos en una trabajadora que debe presentar un informe ante sus superiores. Es comprensible que experimente cierto nerviosismo porque desea hacerlo bien y sabe que su desempeño será evaluado. Esa activación puede ayudarla a prepararse, revisar su trabajo y prestar atención a los detalles.


Ahora imaginemos que esa misma trabajadora tiene un jefe que suele ridiculizar públicamente a quienes se equivocan. En ese ambiente, presentar un informe adquiere un significado diferente: además de realizar bien su trabajo, necesita evitar una experiencia de humillación. Su ansiedad no surge únicamente de lo que imagina, sino también de las consecuencias que ha observado o experimentado anteriormente.


En ambos casos puede haber palpitaciones, tensión muscular, preocupación o dificultades para dormir, pero las circunstancias que explican esas respuestas son distintas. Por eso, cuando una persona consulta por ansiedad laboral, resulta importante conocer qué está ocurriendo en su empleo, cómo son sus relaciones, qué experiencias ha tenido y qué posibilidades reales tiene para responder a las demandas.


Cuando las exigencias realmente superan nuestros recursos

Casi todos los trabajos tienen periodos de mayor actividad. Una entrega importante, una temporada de ventas o la incorporación de nuevas responsabilidades pueden exigirnos un esfuerzo adicional. Sin embargo, existe una diferencia entre atravesar momentos de alta demanda y trabajar de manera habitual bajo condiciones que exceden nuestro tiempo, nuestras capacidades o los recursos disponibles.


Una empleada puede recibir más tareas de las que razonablemente puede realizar durante su jornada, tener instrucciones contradictorias o carecer de los materiales necesarios para cumplir con sus responsabilidades. Si además teme perder su empleo, quizá acepte nuevas tareas aunque sepa que difícilmente podrá terminarlas. Al llegar a casa continúa trabajando o pensando en lo que dejó pendiente, y el tiempo destinado al descanso comienza a reducirse.


En estas circunstancias, recomendarle únicamente que practique ejercicios de relajación puede resultar insuficiente. Aunque aprender a regular la activación fisiológica puede ser útil, no resuelve una distribución inadecuada de tareas ni modifica una jornada excesiva. La dificultad no se encuentra solamente en la manera en que la persona responde, sino también en las condiciones a las que está expuesta.


La Organización Mundial de la Salud reconoce que las cargas de trabajo excesivas, los horarios prolongados, la falta de control sobre las tareas, la inseguridad laboral y las relaciones negativas pueden perjudicar la salud mental de las personas trabajadoras. En México, la NOM-035-STPS-2018 también contempla distintos factores de riesgo psicosocial y establece obligaciones para su identificación y prevención en los centros de trabajo.


Estas disposiciones nos recuerdan que:


El bienestar laboral no depende exclusivamente de las habilidades individuales. Las organizaciones también tienen responsabilidades en la creación de condiciones de trabajo que protejan la salud de quienes forman parte de ellas.

El miedo a equivocarnos: entre la responsabilidad y la exigencia excesiva


Cometer errores forma parte de cualquier actividad humana, aunque no todos tengan las mismas consecuencias. Hay trabajos en los que una equivocación puede afectar la seguridad o el bienestar de otras personas, por lo que revisar cuidadosamente lo que hacemos es indispensable. En otros, los errores pueden corregirse sin mayores dificultades. Aprender a distinguir estas situaciones es parte de desarrollar un ejercicio profesional responsable.


Sin embargo, algunas personas experimentan una preocupación constante por equivocarse, incluso cuando realizan tareas que conocen bien. Pueden revisar repetidamente un correo antes de enviarlo, dedicar demasiado tiempo a decisiones sencillas o evitar hacer preguntas porque temen parecer incompetentes. Aunque estas acciones buscan prevenir errores, también pueden aumentar el tiempo de trabajo y la sensación de estar permanentemente bajo evaluación.


Las razones pueden ser diversas. Quizá la persona trabaja en un ambiente donde los errores se castigan severamente, tuvo experiencias anteriores de humillación o aprendió desde pequeña que equivocarse significaba decepcionar a los demás. También puede encontrarse en una etapa de aprendizaje profesional en la que todavía no confía plenamente en sus capacidades.


Desde una perspectiva conductual, resulta útil observar qué sucede cuando la persona revisa una tarea por quinta vez o posterga una decisión hasta sentirse completamente segura. Si estas acciones reducen momentáneamente su preocupación, es posible que vuelva a utilizarlas cuando aparezca una situación semejante. El alivio inmediato puede contribuir a mantener una forma de actuar que, con el tiempo, termina generando más dificultades.


Esto no significa que debamos dejar de revisar nuestro trabajo. La cuestión es identificar cuándo una comprobación cumple una función necesaria y cuándo se ha convertido principalmente en una manera de tranquilizarnos. También conviene examinar si las consecuencias que anticipamos corresponden con lo que suele ocurrir actualmente o si estamos respondiendo a experiencias que pertenecen a otros momentos de nuestra vida.


Las relaciones laborales también pueden convertirse en una fuente de ansiedad


A veces, lo más desgastante de un empleo no es la cantidad de trabajo, sino la relación con las personas con quienes compartimos la jornada. Un superior que cambia constantemente las instrucciones, una compañera que desacredita nuestro trabajo o un ambiente donde los desacuerdos suelen terminar en confrontaciones pueden hacer que permanezcamos pendientes de cualquier señal de conflicto.


Las relaciones laborales tienen una particularidad: no siempre podemos elegir con quién trabajar ni alejarnos fácilmente de alguien con quien tenemos dificultades. Además, las diferencias de autoridad pueden influir en nuestra manera de responder. Expresar una inconformidad ante una compañera no necesariamente tiene las mismas consecuencias que hacerlo ante una persona que decide sobre nuestros horarios, evaluaciones o continuidad laboral.


En algunas situaciones, aprender habilidades de comunicación puede ayudarnos a solicitar aclaraciones, expresar necesidades o negociar responsabilidades. Una mujer que suele aceptar tareas adicionales por temor a incomodar podría beneficiarse de aprender a decir que no, pedir tiempo para responder o explicar de manera clara qué actividades puede realizar dentro de su jornada.


Pero hay circunstancias que requieren algo más que habilidades personales. Cuando existen humillaciones, amenazas, discriminación o acoso, no estamos simplemente ante un desacuerdo que deba resolverse mediante una conversación. Se trata de condiciones que pueden perjudicar la salud y que requieren medidas de protección y respuestas institucionales.


Tampoco siempre es conveniente confrontar directamente a una persona que ejerce poder sobre nuestras condiciones laborales. Antes de actuar, puede ser necesario valorar los riesgos, buscar orientación, documentar lo ocurrido y conocer los mecanismos de apoyo disponibles. La seguridad y la estabilidad económica también forman parte de las decisiones que debemos considerar.


Ser mujer y trabajar: las exigencias que se acumulan

La experiencia laboral de las mujeres no puede comprenderse por completo sin considerar lo que ocurre fuera del empleo. Aunque las circunstancias personales son muy diversas, las investigaciones de la Organización Internacional del Trabajo muestran que las responsabilidades de cuidado continúan distribuyéndose de manera desigual y afectan especialmente las oportunidades laborales de las mujeres.


Para muchas, terminar la jornada remunerada significa comenzar otra serie de actividades: preparar alimentos, atender a los hijos, cuidar a familiares, organizar la casa o resolver pendientes que no pudieron atenderse durante el día. A estas tareas se suma con frecuencia el trabajo de planificación: recordar citas, anticipar necesidades, coordinar horarios y asegurarse de que las actividades cotidianas puedan realizarse.


Pensemos en una mujer que debe entregar un proyecto importante mientras organiza la atención médica de su madre y las actividades escolares de sus hijos. Es posible que ninguna de estas responsabilidades, considerada por separado, resulte imposible de atender. Sin embargo, cuando coinciden y los recursos disponibles son limitados, las exigencias pueden acumularse hasta dejar poco espacio para el descanso y la vida personal.


También hay mujeres que viven solas, sostienen económicamente su hogar o no cuentan con una red cercana de apoyo. Para ellas, reducir la jornada, rechazar determinadas condiciones o buscar otro empleo puede representar un riesgo económico que no están en posibilidades de asumir de inmediato.


Por eso, aunque organizar mejor el tiempo puede ser útil en algunas circunstancias, no siempre constituye una solución suficiente. La organización no crea horas adicionales ni elimina la desigual distribución de las responsabilidades. Comprender la ansiedad laboral desde la experiencia de las mujeres implica reconocer estas condiciones sin asumir que todas enfrentan las mismas dificultades.


¿Qué podemos hacer cuando sentimos ansiedad en el trabajo?

Cuando la ansiedad aparece de manera frecuente, una primera tarea consiste en comprender con mayor precisión las situaciones en las que ocurre. Decir «mi trabajo me produce ansiedad» puede describir nuestro malestar, pero todavía no nos permite identificar qué lo está provocando ni qué posibilidades tenemos para intervenir.


Quizá descubramos que la preocupación aumenta cuando recibimos instrucciones poco claras, cuando debemos hablar con determinada persona o cuando pensamos que no terminaremos nuestras tareas a tiempo. También puede ser útil observar cómo respondemos en esos momentos: ¿trabajamos horas adicionales, evitamos pedir ayuda, revisamos repetidamente lo que hacemos o aceptamos responsabilidades que no podemos cumplir por temor a decir que no?


Estas respuestas tienen una historia y suelen cumplir alguna función. Trabajar hasta tarde puede ayudarnos a evitar una reprimenda; revisar una tarea varias veces puede disminuir el miedo a equivocarnos, y aceptar una petición puede evitar un conflicto inmediato. Sin embargo, algunas de estas soluciones también pueden contribuir a que las dificultades se mantengan.


Una vez que comprendemos mejor la situación, podemos identificar qué aspectos están a nuestro alcance. Si las exigencias son excesivas, quizá necesitemos solicitar prioridades claras, revisar plazos o negociar la distribución de tareas. Si tenemos dificultades para expresar desacuerdos, desarrollar habilidades de comunicación puede ampliar nuestras posibilidades. Y cuando el problema está relacionado con una preocupación persistente por cometer errores, puede ser útil trabajar en nuestra manera de afrontar la incertidumbre y evaluar las consecuencias que anticipamos.


En cambio, cuando existen condiciones laborales perjudiciales, violencia o una distribución de responsabilidades que excede las posibilidades de cualquier persona, las soluciones individuales tienen límites. En esos casos, además de cuidar nuestra salud mental, puede ser necesario buscar apoyos, conocer nuestros derechos y explorar alternativas que permitan modificar las circunstancias.


No todas las mujeres cuentan con las mismas posibilidades para realizar estos cambios. Algunas podrán negociar mejores condiciones; otras necesitarán construir alternativas a mediano plazo, y habrá quienes deban priorizar temporalmente la estabilidad económica mientras buscan recursos para mejorar su situación. Reconocer estas diferencias es importante para no convertir las recomendaciones psicológicas en nuevas exigencias que las personas deban cumplir.


Aprender a afrontar la ansiedad no significa acostumbrarnos a todo

La psicoterapia puede ayudarnos a comprender nuestras respuestas, reconocer patrones de evitación, desarrollar habilidades y tomar decisiones más acordes con nuestras necesidades. En ocasiones, el trabajo terapéutico consistirá en aprender a afrontar una evaluación sin anticipar constantemente el fracaso o en expresar una inconformidad que antes nos resultaba difícil comunicar.


En otras situaciones, el proceso puede ayudarnos a reconocer que nuestras condiciones laborales están afectando nuestro bienestar y que necesitamos considerar cambios. También puede ocurrir que ambas cosas sean ciertas: que existan demandas difíciles y que algunas de nuestras respuestas estén aumentando el malestar.


Por eso, el objetivo no debería ser convertirnos en personas capaces de soportar indefinidamente cualquier nivel de exigencia. Se trata de comprender qué está sucediendo, identificar nuestros recursos y reconocer las condiciones que necesitamos para trabajar y vivir de una manera más saludable.


Para recordar

El trabajo puede ser una fuente de satisfacción, aprendizaje, relaciones y autonomía económica, pero también puede exponernos a demandas que afectan nuestra salud mental. Cuando experimentamos ansiedad, vale la pena mirar más allá de los síntomas y preguntarnos qué está ocurriendo en nuestra vida laboral, qué experiencias influyen en nuestras respuestas y cuáles son nuestras posibilidades reales de cambio.


No todas las exigencias son injustas ni toda preocupación es excesiva. Sin embargo, tampoco tenemos que considerar normales las condiciones que deterioran continuamente nuestro bienestar. Aprender a afrontar la ansiedad puede ayudarnos a desenvolvernos mejor, pero reconocer nuestras necesidades y los límites de lo que podemos asumir también forma parte del cuidado de nuestra salud.


Y tú, cuando piensas en lo que te produce ansiedad en el trabajo, ¿qué necesitarías aprender a afrontar de otra manera y qué condiciones necesitarían cambiar?



Referencias

  • Organización Mundial de la Salud. (2022). WHO guidelines on mental health at work. OMS.

  • Organización Mundial de la Salud y Organización Internacional del Trabajo. (2022). Mental health at work: Policy brief. OMS/OIT.

  • Organización Internacional del Trabajo. (2024). The impact of care responsibilities on women's labour force participation. OIT.

  • Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2018). NOM-035-STPS-2018. Factores de riesgo psicosocial en el trabajo: Identificación, análisis y prevención. Diario Oficial de la Federación.

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Psicóloga especializada en ansiedad en mujeres · León, Guanajuato, México · Atención en línea

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