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Ansiedad y redes de apoyo: ¿por qué no siempre es bueno enfrentar todo solas?

hace 5 minutos
7 min de lectura
Ansiedad y soledad
Ansedad y soledad

La importancia de cuidar nuestras relaciones, pedir ayuda y conservar espacios de encuentro, incluso cuando atravesamos momentos difíciles.


Hay temporadas en las que lo último que queremos es salir de casa, contestar mensajes o conversar con alguien. Tenemos demasiadas cosas en la cabeza, estamos cansadas o simplemente no tenemos ganas de explicar lo que nos ocurre. Rechazamos una invitación, dejamos pendiente una llamada y pensamos que cuando las cosas estén mejor volveremos a reunirnos con nuestras amigas. A veces necesitamos precisamente eso: tranquilidad, silencio y un poco de tiempo para nosotras.


El problema puede aparecer cuando ese alejamiento deja de ser una pausa y se convierte, poco a poco, en nuestra manera habitual de enfrentar las dificultades.

El problema puede aparecer cuando ese alejamiento deja de ser una pausa y se convierte, poco a poco, en nuestra manera habitual de enfrentar las dificultades. Sin darnos cuenta, pasan semanas o meses sin ver a personas importantes, dejamos de participar en actividades que antes disfrutábamos y nuestra vida comienza a reducirse al trabajo, las responsabilidades y las preocupaciones. Estar solas puede ser una elección saludable, pero aislarnos de manera prolongada no siempre nos ayuda a sentirnos mejor.


Las relaciones humanas forman parte de nuestras condiciones de vida. Necesitamos cierta autonomía para tomar decisiones y afrontar nuestros problemas, pero también necesitamos vínculos donde podamos compartir experiencias, encontrar compañía y recibir ayuda cuando las circunstancias nos superan. Comprender esto es especialmente importante cuando hablamos de ansiedad.


Cuando la ansiedad nos lleva a alejarnos

Imaginemos a una mujer que atraviesa una separación. Sus amigas la invitan a desayunar, pero ella prefiere quedarse en casa. Le preocupa que le pregunten por su matrimonio, que la conversación termine haciéndola llorar o que los demás opinen sobre decisiones que todavía no tiene claras. Al quedarse en casa evita esas situaciones y experimenta cierto alivio. La próxima vez que recibe una invitación, recuerda que fue más sencillo no asistir y vuelve a rechazarla.


No necesariamente ocurre así en todas las personas, pero este ejemplo permite comprender un mecanismo frecuente en la ansiedad: cuando evitamos algo que nos produce malestar, podemos sentirnos mejor inmediatamente. Ese alivio hace más probable que volvamos a evitarlo en situaciones parecidas. Con el tiempo, lo que comenzó como una manera de protegernos puede terminar alejándonos de experiencias que también podrían hacernos bien.


Algo semejante puede ocurrir cuando tenemos preocupaciones económicas, problemas familiares o inseguridad respecto a nuestra apariencia. Dejamos de participar porque creemos que no tendremos nada agradable que contar, porque sentimos vergüenza o porque pensamos que debemos resolver primero nuestros problemas. Mientras tanto, perdemos oportunidades de conversar sobre otros asuntos, disfrutar una tarde diferente o descubrir que no somos las únicas atravesando dificultades.


Por supuesto, no todo alejamiento es una conducta de evitación. Hay personas que necesitan descansar, otras atraviesan enfermedades o periodos de mucho trabajo, y algunas se distancian de relaciones que les hacen daño. Lo importante es comprender qué función está cumpliendo el aislamiento en nuestra vida y qué consecuencias tiene con el paso del tiempo.


¿Por qué son importantes las redes de apoyo?

Una red de apoyo está formada por las personas y los espacios con los que podemos contar de distintas maneras. Puede incluir amistades, familiares, compañeras de trabajo, vecinas, grupos comunitarios o personas con quienes compartimos alguna actividad. No todas cumplen la misma función ni necesitamos tener una relación íntima con cada una.


Una amiga puede escucharnos cuando estamos preocupadas, una vecina puede ayudarnos durante una emergencia, una compañera puede orientarnos ante una dificultad laboral y un grupo de lectura puede ofrecernos un espacio agradable donde nuestra vida no gira únicamente alrededor de los problemas. Algunas relaciones proporcionan apoyo emocional; otras, información, ayuda práctica, compañía o la posibilidad de participar en algo que disfrutamos.


La investigación en salud pública ha encontrado asociaciones entre la conexión social y distintos indicadores de bienestar físico y psicológico. En su informe de 2025 sobre conexión social, la Organización Mundial de la Salud señala que la soledad y el aislamiento social constituyen problemas relevantes de salud pública y se relacionan, entre otras dificultades, con la ansiedad y la depresión.


Esto no significa que tener muchas amistades garantice una buena salud mental, ni que la falta de compañía sea la causa de todos nuestros problemas emocionales. Las relaciones entre apoyo social y ansiedad son complejas: nuestras circunstancias pueden dificultar la convivencia y, al mismo tiempo, la ansiedad puede llevarnos a reducir el contacto con otras personas. Lo que sí podemos reconocer es que contar con relaciones significativas constituye un recurso valioso para afrontar las dificultades de la vida.


También conviene distinguir entre estar sola y sentirse sola. Una mujer puede disfrutar de vivir sola, tener pocas amistades y sentirse satisfecha con sus relaciones. Otra puede convivir diariamente con muchas personas y experimentar una profunda sensación de soledad porque no encuentra comprensión, confianza o cercanía. Por eso, cuando hablamos de redes de apoyo, no nos referimos solamente a la cantidad de personas que conocemos, sino también a la calidad de nuestros vínculos.


cuando hablamos de redes de apoyo, no nos referimos solamente a la cantidad de personas que conocemos, sino también a la calidad de nuestros vínculos.

Las relaciones también necesitan cultivarse

Con frecuencia pensamos en nuestras amistades como algo que permanece ahí, disponible cuando lo necesitamos. Sin embargo, las relaciones forman parte de nuestra vida cotidiana y también requieren atención. Una llamada, un mensaje, aceptar una invitación, interesarnos por lo que le ocurre a otra persona o compartir una actividad son pequeñas acciones que contribuyen a mantenerlas.


Esto puede resultar difícil durante ciertas etapas. Entre el trabajo, las responsabilidades domésticas, el cuidado de los hijos o de familiares y las preocupaciones económicas, muchas mujeres encuentran poco tiempo para ellas mismas. La convivencia con amigas, los pasatiempos y la participación en actividades comunitarias pueden quedar relegados durante años. En ocasiones, la pareja y la familia terminan convirtiéndose prácticamente en los únicos espacios de relación.


El problema puede hacerse más visible cuando llega una separación, una enfermedad, una pérdida o un cambio importante. Entonces descubrimos que necesitamos compañía, pero también que hemos perdido contacto con personas que antes formaban parte de nuestra vida. Recuperar esos vínculos puede requerir tiempo y no siempre será posible hacerlo de la misma manera que antes.


Por eso resulta útil pensar en nuestras relaciones no solamente cuando atravesamos una crisis, sino también durante las temporadas tranquilas. Cultivar una red de apoyo significa interesarnos por los demás, compartir momentos agradables y construir relaciones donde exista cierta reciprocidad. No se trata de buscar personas que estén disponibles para resolver nuestros problemas, sino de participar en vínculos que tengan un lugar propio en nuestra vida.


Cultivar una red de apoyo significa interesarnos por los demás, compartir momentos agradables y construir relaciones donde exista cierta reciprocidad.

No todas las relaciones nos hacen bien

Hablar de la importancia del apoyo social no significa recomendar que permanezcamos cerca de cualquier persona. Algunas relaciones están marcadas por la crítica constante, la descalificación, el control o la falta de respeto. En esas circunstancias, tomar distancia puede ser una decisión necesaria y protectora.


Tampoco todas las personas cuentan con las mismas oportunidades para desarrollar una red de apoyo. Una mujer que trabaja largas jornadas, cuida sola a sus hijos o vive lejos de su familia puede tener dificultades reales para mantener amistades o participar en actividades. Sería injusto convertir la vida social en otra obligación que debe cumplir para cuidar su salud mental.


Además, una red de apoyo no necesita ser numerosa. Para algunas personas bastan unos pocos vínculos cercanos y confiables; otras disfrutan de pertenecer a grupos más amplios. Lo importante es que existan relaciones donde podamos sentirnos respetadas, compartir experiencias y contar con cierta compañía, sin perder nuestra autonomía.


Lo importante es que existan relaciones donde podamos sentirnos respetadas, compartir experiencias y contar con cierta compañía, sin perder nuestra autonomía.

Recuperar espacios de encuentro, poco a poco

Si sentimos que nuestra vida se ha vuelto demasiado solitaria, no necesitamos transformarla de inmediato. Podemos comenzar por observar qué relaciones y actividades hemos dejado atrás y cuáles nos gustaría recuperar. Tal vez exista una amiga a la que hace tiempo queremos llamar, una actividad que dejamos de practicar o algún espacio de nuestra comunidad que nos despierta curiosidad.


A veces el primer paso puede resultar incómodo. Después de mucho tiempo sin convivir, quizá no sepamos qué decir o temamos sentirnos fuera de lugar. Si esa incomodidad es tolerable y el espacio es seguro, podemos permitirnos participar sin exigir que la experiencia sea perfecta. No necesitamos esperar a sentirnos completamente tranquilas para volver a acercarnos a los demás.


También podemos aprender a pedir ayuda de manera más concreta. En lugar de esperar que alguien adivine lo que necesitamos, podemos decir que nos gustaría conversar, que necesitamos compañía durante una situación difícil o que agradeceríamos ayuda con alguna responsabilidad. Pedir apoyo no significa renunciar a nuestra independencia. En muchas ocasiones es una manera razonable de afrontar las limitaciones que todas las personas tenemos.


Y algo importante: las relaciones no deberían existir únicamente alrededor del sufrimiento. Reír, aprender, caminar, conversar sobre asuntos cotidianos o compartir intereses también son experiencias valiosas. Una vida con menos ansiedad no consiste solamente en reducir aquello que nos preocupa, sino también en conservar y ampliar las cosas que hacen que valga la pena vivirla.


Para recordar

Necesitar momentos de soledad es parte de una vida saludable. Sin embargo, cuando nos alejamos de los demás para evitar sistemáticamente el malestar, podemos terminar perdiendo espacios de compañía, apoyo y disfrute. La ansiedad no siempre se resuelve pensando más, intentando controlarlo todo o enfrentando nuestras dificultades sin ayuda. En ocasiones, también necesitamos volver a participar en la vida que ocurre fuera de nuestras preocupaciones.


Cuidar nuestras relaciones no significa depender de otras personas para sentirnos bien ni mantener vínculos que nos hacen daño. Significa reconocer que, además de nuestra capacidad individual para afrontar los problemas, contamos con una necesidad humana de conexión. No podemos evitar todas las dificultades que traerá la vida, pero sí podemos procurar que, cuando lleguen, no tengamos que atravesarlas completamente solas.


Y tú, ¿Qué lugar estás dando a las personas y a los espacios que hacen bien a tu vida?


Referencias

  • Organización Mundial de la Salud. (2025). De la soledad a la conexión social: el camino hacia sociedades más saludables. Comisión de la OMS sobre Conexión Social.

  • The Association of Social Support and Loneliness with Symptoms of Depression, Anxiety, and Posttraumatic Stress during the COVID-19 Pandemic: A Meta-Analysis. (2023). International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(4), 2765.

  • Social isolation and anxiety disorders during COVID-19: A systematic review. (2025). Disponible en PubMed Central.

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Psicóloga especializada en ansiedad en mujeres · León, Guanajuato, México · Atención en línea

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