Lo que Jessie de Toy Story puede enseñarnos sobre los miedos que aprendemos
- Psic. Sugey Romo

- hace 2 días
- 4 min de lectura

Hay una escena de Toy Story que muchas personas recuerdan con especial cariño. Jessie cuenta la historia de Emily, la niña con la que compartió sus mejores años. Jugaron juntas, crecieron una al lado de la otra y parecía imposible imaginar que algún día dejarían de estar unidas. Pero el tiempo pasó. Emily creció, comenzó a interesarse por otras cosas y Jessie terminó olvidada dentro de una caja.
Lo más interesante de esa historia no es únicamente la tristeza del abandono. Es lo que ocurre después. Jessie ya no vuelve a mirar el cariño de la misma manera. Donde antes veía una oportunidad para crear un vínculo, ahora también aparece una advertencia silenciosa: si vuelvo a querer a alguien, también podría volver a perderlo.
Quizá por eso esa escena sigue conmoviendo tantos años después. Porque habla de juguetes, pero en realidad está hablando de nosotras.
Muchas mujeres llegan a terapia diciendo algo muy parecido. Algunas cuentan que les cuesta confiar después de una infidelidad. Otras reconocen que evitan ilusionarse porque sienten que, si una relación termina, no podrán soportarlo. Algunas mantienen cierta distancia emocional incluso con personas que quieren profundamente. No porque no deseen amar, sino porque una parte de ellas aprendió que amar también puede doler.
Las experiencias no solo dejan recuerdos; también dejan aprendizajes
Cuando vivimos una experiencia importante, el cerebro no guarda únicamente una fotografía de lo ocurrido. También intenta responder una pregunta fundamental para nuestra supervivencia: ¿qué necesito recordar para protegerme la próxima vez?
Ese mecanismo ha permitido que la especie humana sobreviva durante miles de años. Si una situación resultó peligrosa, aprender de ella aumenta nuestras posibilidades de estar a salvo en el futuro. El problema es que ese mismo sistema funciona igual cuando el dolor no proviene de un depredador, sino de una pérdida, un rechazo, una traición o una relación que nos hizo sufrir.
Sin darnos cuenta, empezamos a mirar el presente a través de los aprendizajes del pasado. Una discusión ya no es solo una discusión; también puede parecer el comienzo de un abandono. Un silencio puede sentirse como una señal de rechazo. Una nueva relación puede despertar ilusiones, pero también recuerdos de todo aquello que una vez terminó mal.
No reaccionamos únicamente a lo que está ocurriendo delante de nosotros. También reaccionamos a lo que nuestra historia nos enseñó que podría ocurrir.
Cuando el pasado empieza a escribir el presente
A veces creemos que estamos tomando decisiones completamente racionales. Sin embargo, muchas de ellas están influenciadas por experiencias que apenas recordamos conscientemente.
Una mujer que creció sintiendo que debía esforzarse mucho para ser querida quizá termine convirtiéndose en una adulta que intenta agradar a todo el mundo. Otra que vivió una relación marcada por los celos puede sentir una intensa necesidad de comprobar constantemente que todo está bien. Alguien que experimentó una pérdida inesperada puede descubrir que disfruta menos el presente porque una parte de ella vive anticipando el momento en que aquello también terminará.
Nada de esto significa que estemos condenadas a repetir nuestra historia. Significa algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, más profundo: el cerebro aprende.
Desde la psicología del aprendizaje sabemos que nuestras experiencias modifican el significado que damos a personas, lugares y situaciones. Es un proceso natural. El problema aparece cuando esos aprendizajes, que alguna vez tuvieron sentido, empiezan a limitar la vida que queremos construir hoy.
La ansiedad también tiene memoria
Cuando pensamos en ansiedad solemos imaginar un corazón acelerado, dificultad para respirar o una mente llena de preocupaciones. Sin embargo, detrás de muchos de esos síntomas existe una historia que comenzó mucho antes.
La ansiedad no aparece siempre porque el presente sea objetivamente peligroso. Muchas veces aparece porque el cerebro detecta parecidos entre una situación actual y otra que alguna vez resultó dolorosa. Es como si dijera: "Ya conozco esta historia. Más vale prepararnos."
El inconveniente es que la vida no suele repetirse exactamente igual. Las personas cambian. Las relaciones son distintas. Nosotras también hemos cambiado.
Pero el cerebro, cuyo trabajo principal es protegernos, prefiere equivocarse por exceso de precaución antes que correr el riesgo de ignorar una amenaza.
La buena noticia es que también aprendemos de las experiencias nuevas
Durante mucho tiempo se pensó que las personas simplemente tenían que superar sus miedos. Hoy sabemos que el proceso es diferente. No se trata de borrar el pasado, sino de permitir que aparezcan nuevas experiencias capaces de ampliar lo que hemos aprendido.
Cada vez que una mujer expresa una necesidad y descubre que puede ser escuchada, ocurre un aprendizaje nuevo. Cada vez que establece un límite sin perder una relación importante, ocurre un aprendizaje nuevo. Cada vez que vuelve a confiar después de una decepción, aunque lo haga con cautela, ocurre un aprendizaje nuevo.
La historia anterior no desaparece.
Simplemente deja de ser la única historia posible.
Y quizá esa sea una de las ideas más esperanzadoras que ofrece la psicología contemporánea. Nuestro pasado influye en quienes somos, pero no tiene la última palabra sobre quienes podemos llegar a ser.
Para recordar
Todas tenemos una historia. En ella hay alegrías, pérdidas, personas que permanecieron y otras que se fueron demasiado pronto. De cada una de esas experiencias el cerebro fue sacando conclusiones para intentar protegernos.
Comprender esos aprendizajes no significa vivir atrapadas en el pasado. Significa mirar con un poco más de compasión por qué reaccionamos como reaccionamos y reconocer que, del mismo modo en que aprendimos a tener ciertos miedos, también podemos aprender nuevas formas de confiar, de amar y de vivir.
Nuestra historia explica muchas cosas.
Pero no está condenada a escribir todo nuestro futuro.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR).
World Health Organization. (2022). World Mental Health Report: Transforming Mental Health for All.
Michelle G. Craske, M. G., Hermans, D., & Vervliet, B. (2022). Research on inhibitory learning and anxiety disorders.
David H. Barlow (Ed.). (2021). Clinical Handbook of Psychological Disorders (latest edition).
National Institute for Health and Care Excellence. (2022). Generalised Anxiety Disorder and Panic Disorder in Adults: Evidence Update.




Comentarios