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¿Qué tienen en común la ansiedad y la depresión cuando nuestra mente no deja de pensar?

Ansiedad y depresión

Ansiedad y depresión


Preocuparse por lo que vendrá y darle vueltas a lo que pasó parecen cosas diferentes, pero pueden compartir una misma forma de quedar atrapadas en nuestros pensamientos

Una persona pasa buena parte de la noche pensando en lo que podría ocurrir mañana: ¿y si algo sale mal?, ¿y si no puedo manejarlo?, ¿y si sucede aquello que temo? Otra vuelve una y otra vez sobre algo que ya ocurrió: ¿por qué hice eso?, ¿qué habría pasado si hubiera actuado diferente?, ¿por qué siempre termino igual?


A primera vista parecen experiencias distintas. La primera se parece más a la preocupación que solemos relacionar con la ansiedad; la segunda, a la rumia que aparece con frecuencia en la depresión. Sin embargo, la psicología ha encontrado algo interesante: por debajo de ambas puede existir una manera de pensar bastante parecida. Los investigadores la llaman pensamiento negativo repetitivo.


No importa solamente en qué pensamos, sino cómo quedamos pensando

Cuando tenemos un problema es normal pensar en él. Recordar una conversación puede ayudarnos a comprenderla; anticipar una dificultad puede permitirnos prepararnos. Pensar no es, por sí mismo, un problema.


El pensamiento negativo repetitivo tiene otras características:


suele regresar una y otra vez sobre contenidos desagradables, resulta difícil apartarse de él y con frecuencia produce poco avance. Podemos pasar de una pregunta a otra y tener la impresión de estar buscando una solución cuando, después de mucho tiempo, seguimos prácticamente en el mismo lugar.

Por eso, a veces puede ser más útil observar la forma que está tomando nuestro pensamiento que analizar cada una de las cosas que pasan por nuestra cabeza.


Preocupación y rumia: diferentes direcciones, un proceso parecido

En la ansiedad es frecuente que el pensamiento mire hacia adelante. La preocupación intenta anticiparse: ¿Qué pasará?, ¿y si ocurre...?, ¿Cómo voy a enfrentarlo? En los estados depresivos, la rumia suele mirar más hacia lo ocurrido o hacia nuestro estado actual: ¿por qué me siento así?, ¿por qué hice aquello?, ¿Qué dice esto sobre mí?


Esta distinción sigue siendo útil, pero las investigaciones han encontrado suficiente parecido entre ambos procesos como para estudiarlos también bajo un concepto más amplio: el pensamiento negativo repetitivo. Es lo que en psicología se conoce como un proceso transdiagnóstico: puede estar presente en diferentes problemas psicológicos y no pertenece exclusivamente a un diagnóstico.


Esto no significa que ansiedad y depresión sean lo mismo. Significa que problemas diferentes pueden compartir algunos de los procesos que contribuyen a mantener el malestar.


Una manera diferente de comprender lo que nos ocurre

Estamos acostumbradas a pensar en salud mental a partir de categorías: ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, ansiedad social. Estas categorías pueden ser útiles para profesionales, investigación y tratamiento. Pero no son la única manera de comprender una dificultad psicológica.


También podemos preguntarnos qué procesos están ocurriendo en la vida de una persona.

Una mujer puede preocuparse constantemente por enfermar. Otra puede pasar horas repasando una ruptura. Otra reconstruye una conversación buscando dónde se equivocó. El contenido cambia, pero las tres pueden encontrarse atrapadas en un pensamiento que se repite, genera malestar y resulta difícil abandonar.


Mirarlo de esta manera cambia ligeramente la pregunta. En lugar de preguntarnos únicamente «¿qué tengo?», podemos empezar a preguntarnos:


«¿Qué está ocurriendo cuando mi mente queda atrapada de esta manera?»


Si pensar me hace sentir peor, ¿por qué sigo haciéndolo?

Porque generalmente no empezamos a pensar para sufrir.

Nos preocupamos porque queremos estar preparadas. Repasamos una conversación porque queremos comprenderla. Revisamos una decisión porque queremos evitar equivocarnos. Intentamos encontrar una explicación porque creemos que entender completamente lo sucedido nos hará sentir mejor.


Por eso decir simplemente «deja de pensar» suele servir de poco.

El pensamiento repetitivo puede mantenerse porque conserva una pequeña promesa: si sigo pensando, quizá encuentre finalmente aquello que necesito para resolverlo.


A veces ocurre. Pero otras veces llega un momento en que pensar más ya no proporciona información nueva, no permite tomar una decisión y tampoco conduce a una acción. El pensamiento continúa, aunque su función de resolver haya desaparecido.


Quizá no necesites discutir con cada pensamiento

Esta manera de entender el problema tiene una consecuencia interesante. Tal vez no siempre necesitemos averiguar si cada pensamiento es correcto, incorrecto, racional o irracional. También podemos aprender a reconocer cuándo hemos entrado en una forma de pensar que se repite sin llevarnos demasiado lejos.


De hecho, una revisión y metaanálisis sobre tratamientos psicológicos en jóvenes con ansiedad y depresión encontró que las intervenciones pueden reducir el pensamiento negativo repetitivo y que aquellas centradas en modificar el proceso de pensar repetitivamente, en lugar de limitarse al contenido concreto de los pensamientos, mostraron mayores efectos sobre este proceso. Los autores advierten, sin embargo, que todavía se necesita investigación para comprender mejor estas relaciones.


No se trata, entonces, de vigilar nuestra mente durante todo el día. Puede bastar con reconocer ocasionalmente:


¿Estoy descubriendo algo nuevo o estoy recorriendo otra vez el mismo camino?


Cuando el pensamiento empieza a ocupar demasiado espacio

Todas las personas podemos preocuparnos o darle vueltas a algo durante un tiempo, especialmente cuando atravesamos pérdidas, conflictos, decisiones importantes o situaciones difíciles. Eso no significa automáticamente que exista un problema psicológico.


Conviene prestar más atención cuando estos pensamientos ocupan buena parte del día, interfieren con el sueño o la concentración, dificultan tomar decisiones, nos alejan de actividades importantes o parecen cada vez más difíciles de abandonar. En esos casos, la psicoterapia puede ayudar no solamente a hablar sobre qué pensamos, sino a comprender qué función está teniendo ese pensamiento y qué hacemos cuando aparece.


Para recordar

Ansiedad y depresión son experiencias diferentes, pero las fronteras entre los procesos psicológicos no siempre coinciden perfectamente con las etiquetas que utilizamos para nombrarlos. El pensamiento negativo repetitivo es un buen ejemplo: la preocupación puede mirar hacia el futuro y la rumia hacia lo que ya ocurrió, pero ambas pueden dejarnos dando vueltas alrededor de un problema sin encontrar una salida.


Comprender esto puede ayudarnos a mirar nuestra experiencia desde otro lugar. A veces la pregunta importante no es solamente «¿por qué estoy pensando esto?», sino también:


«¿Qué ocurre cuando sigo pensando de esta manera?»


Referencias

  • Bell, I. H., et al. (2023). The effect of psychological treatment on repetitive negative thinking in youth depression and anxiety: A meta-analysis and meta-regression. Psychological Medicine, 53(1), 6–16.

  • McKenney, E. E., et al. (2023). Repetitive negative thinking as a transdiagnostic prospective predictor of depression and anxiety symptoms in neurodiverse first-semester college students. Autism in Adulthood, 5(4), 374–388.

  • Wolpert, M., et al. (2024). Worry and rumination as a transdiagnostic target in young people: A co-produced systematic review and meta-analysis. Cognitive Behaviour Therapy.

  • Trautmann, S., et al. (2022). The association between repetitive negative thinking and distress across mental disorders: Preliminary findings from an outpatient treatment-seeking sample.

  • Espinosa, F., Martin-Romero, N., & Sanchez-Lopez, A. (2022). Repetitive negative thinking processes account for gender differences in depression and anxiety during adolescence. International Journal of Cognitive Behavioral Therapy, 15, 115–133.

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Psicóloga especializada en ansiedad en mujeres · León, Guanajuato, México · Atención en línea

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